domingo, 2 de mayo de 2010

Ignorancia, esa tan mala compañera

La ignorancia es una mala compañera en cualquier caso, pero en el momento que hablamos de ceguera, lo es aún más, pues si la sociedad padece de ignorancia a la hora de ver la ceguera, nunca conseguiremos llevar una vida totalmente normal, y que se nos trate con total igualdad y normalidad, y no como bichos raros, personas que somos una carga, o desvalidos a los que permanentemente se nos ha de estar cuidando.

Todo esto viene a que esta tarde me ha ocurrido lo siguiente. Yo me encontraba en la iglesia, como casi cada domingo. En esta ocasión, colaboré cantando alguna que otra canción en el micrófono, dirigiendo así en el canto al pueblo. Pues bien, al final de la misa se me acerca una pareja de ancianos que ya conocía anteriormente, y que cada año vienen desde la bonita tierra de Asturias a pasar una temporada en la isla. Los dos me saludaron, dándome un fuerte abrazo después de tanto tiempo sin vernos. Hasta ahí todo normal, hasta que entre el señor y yo surge la siguiente conversación:

-¿Y qué tal está tu madre? -me pregunta.

-Bien... -le respondo.

-Pobrecilla, ya tiene bastante... con atenderte a ti... -fue su genial y sabia respuesta (con toda la ironía del mundo).

En ese momento, mi respuesta fue: "¿Pero que está usted diciendo, hombre? ¡Tampoco es tan grave!

Esta anécdota, siempre en cualquier lugar y con cualquier tipo de persona, me ocurre bastante a menudo. Por ejemplo, gente que cree que no la oyes, y después de saludarte y cuando aún está a un par de metros suelta de su boca algo así como "pobrecita...", hay a montones. Y claro, se creen que aparte de ciegos también somos sordos, y que no les escuchamos, y vaya si les escuchamos. También están aquellos/as que te ayudan en exceso, pues creen que no somos capaces de nada. O los que van con tanto cuidado con nosotros porque creen que nos podemos romper...

Alguna vez, cuando te encuentras a una persona así, te pilla tan cabreada que, sin poder evitarlo, le respondes de mala manera. Pero casi todos los días siempre te ocurre lo mismo y, a pesar de que cierto es que tendrás que convivir con ello toda tu vida, nunca llegas a aceptarlo del todo.

Y ojalá esta ignorancia de la que hablo algún día llegue a desaparecer completamente. Ojalá personas como este hombre que he mencionado más arriba, y el resto de sociedad ignorante que aún pervive en este mundo, algún día pueda llegar a comprender que los ciegos no somos personas que no podemos más que estar encerrados en nuestras casas, que gracias a Dios actualmente podemos estudiar una carrera (como es mi caso) y encontrar un trabajo totalmente digno, como el resto de la población y, como todo hijo de vecino, llevar una vida de la forma más normal.

1 comentario:

  1. no es mas ciego el que no ve, sino el que no quiere oir, no es mas sordo el que no oye,sino el que no quiere oir

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